CARLOS JUSTINIANO RIBEIRO CHAGAS por el Dr.Gonzalo Villamizar
Cuando en el Primer Congreso Virtual de Cardiología fue publicado en el News Letter mi trabajo Encuentro Imaginario entre Carlos Chagas y Paul White, me prometí a futuro biografiar en acento emotivo la vida de este médico singular. Sufrió la orfandad a los cuatro años por la muerte de su padre, prematuramente alejado del amor materno por internado de jesuitas, regreso al afecto de la madre y luego confiado a la tutela del padre Sacramento, humanista, naturalista y poeta que sembró en el niño inquietudes y ansias de saber; un chico que inició la vida entre los cafetales de su padre, deslumbrado en aquel paraíso vegetal. Luego lo enviaron a estudios de ingeniería en una época de minerías y ferrocarriles pero un cuadro severo de avitaminosis lo regresó a su pueblo natal, donde un pariente médico lo orientó a la carrera de medicina. Joven de talento superior y dedicación completa a los estudios, lo catalogaban como estudiante de dos velas, debieron ser grandes, para medir el grado de trasnocho estudiando, no había llegado la electricidad. Por sus merecimientos ingresó a un centro afamado de la ciencia para contar con la amistad del maestro Oswaldo Cruz, quien al intuir el porvenir de este joven prometedor, luego de capacitarse en parasitología lo envió al campo a combatir la malaria, atroz pandemia en el Brasil de entonces. Lidiando en ese medio lo hostigaba su espíritu de investigador al observar con disgusto la abundancia de insectos que los lugareños llamaban barberos porque picaban en la cara, especialmente en los párpados, moraban en las chozas de los trabajadores, alimentándose de noche y escondiéndose en el día. No era la primera vez que Carlos tenía conocimiento de esta plaga porque desde 1567 los Cronistas de Indias la mencionan, luego Charles Darwin se ocupó de ella cuando estuvo en Mendoza, Argentina, hasta se dice que fue víctima de ese insecto. Allá en el monte, habitaba Carlos en un desechado vagón de ferrocarril, consultorio y laboratorio de investigación al mismo tiempo; presa de curiosidad tomó varios de esos especimenes, los disecó y en su intestino encontró las filarias que lo inquietaron. La pasión de averiguar que tienen los investigadores lo condujo a dar esos primeros pasos que poca relación tenían con su agotador trabajo, el cual consistía en localizar al plasmodium en la sangre circulante, entre muchas tareas. Fue también su sensibilidad social, nacida desde la niñez cuando temprano conoció el dolor, la prédica de la bondad, penurias propias y de gentes humildes y sencillas, que lo impulsaban a la búsqueda afanosa de remedios para la triste situación epidemiológica de su país de comienzos del siglo XX, ironizada por el gremio médico llamando a Brasil "el hospital". Y aquí sucedió lo insólito, cuando por primera y única vez se descubre una entidad patológica siguiendo un procedimiento inverso al método convencional. Respondiendo a aquél espíritu indagador, producto de la mentalidad científica que arrancó desde 1880 cuando Pasteur descubrió el streptococo, Carlos fijó primero la atención en el insecto y al descubrir en sus entrañas un huésped microscópico, hubo de pensar en vectores, reservorios y víctimas humanas y es posible que haya recordado la anécdota de Darwin. Envió las muestras a los laboratorios de su maestro para seguir los trámites de investigación que en ese medio no podía realizar, donde confirmaron sus sospechas que le permitieron proseguir la búsqueda hasta encontrar el primer caso humano en la niña Berenice y elaborar la correlación clínica que le permitió al científico revelar a la comunidad médica mundial, el 23 de Abril de 1908, la aparición de otra enfermedad; entrando Carlos Chagas, a los 29 años, por la puerta grande en la historia de la medicina, al ser bautizado ese mal con su apellido. Laureado de prestigio internacional dirigió campañas contra la gripe española, la tuberculosis y la lepra, sin descuidar la lucha antipalúdica, mientras formulaba campañas de saneamiento destinadas a extirpar el vector de la enfermedad de Chagas, proclamando su deber de médico para con la humanidad. Saboreó la fama recibiendo el aprecio y respeto de personalidades científicas de América, de Europa y preciados galardones. Para dramatizar la situación no faltaron gentes con envidia y mala fe que negaron su descubrimiento, pero con valor los combatió y venció, con generosidad los perdonó, todo en el año 1925, para luego disfrutar de lo mejor como eminente científico reconocido, desde 1926 hasta su muerte en Río de Janeiro, en 1934, a los 55 años, por causa de un infarto. Este milagro de la ciencia, cosas de la Providencia, fue posible por su inteligencia, creatividad, capacidad de trabajo, recia formación con estímulo de maestros como Oswaldo Cruz. Carlos demuestra su sensibilidad con estas palabras: "en estas tierras feraces, recubiertas palmo a palmo de vegetación exuberante, de abundantes frutos y flores maravillosas; en esta fecundación y opulenta naturaleza tropical, las mismas energías creadoras que estimulan y fortalecen la vida vegetal y animal, hacen nacer y proliferar factores de destrucción y de muerte.que agreden constantemente al organismo humano". HONOR A BRASIL. HONOR AL MAS FAMOSO INVESTIGADOR MEDICO DE AMERICA LATINA.
Junto a él hay tres hombres erigidos en monumento por la causa antichagásica: Oswaldo Cruz, 1872-1917, el sabio brasileño que ayudó en el desempeño de Carlos Chagas; Salvador Mazza, argentino de ciencia y acción cuyo aporte es esencial en la lucha contra el mal de Chagas, y Mario Fatala Chaven 1936-1962, otro argentino, el joven científico mártir, ultimado por la filaria que intentaba vencer en un desigual combate de laboratorio. Son las odiseas de esta epidemia ensañada contra la población, ya no meramente de América, sino que por esta aldea global ha cruzado el Atlántico. Aunque el Maestro se adelantó a suponer que el parásito no se detendría en su invasión sistémica sino que con el tiempo habitaría al interior de los tejidos, se necesitaron 50 años para comprobarlo y hoy contempla con satisfacción desde el más allá cómo unas cuantas generaciones de investigadores y clínicos han continuado sus pasos iniciales y enriquecido la ciencia en el conocimiento clínico; progresos que no se han logrado en el área farmacológica y en la prevención, en la que tanto énfasis puso Carlos Chagas. Se ha avanzado para reparar las secuelas de la cronicidad con diversos recursos, exploraciones y el transplante, pero no se ha podido interceptar efectivamente al agente en la fase aguda para detener el pase a la cronicidad, donde, atrincherado especialmente en el corazón, son inoperantes los medicamentos. Sigue siendo la enfermedad de los pobres a medida que aumenta la desigualdad social, razón por la cual hay desinterés para producir medicamentos y precario financiamiento para la investigación farmacológica, es insuficiente la ayuda oficial, está ausente la filantropía. En el trabajo de saneamiento no se han logrado protocolos aceptables para todos, porque predominan intereses locales, interpretaciones académicas y políticas controvertidas hasta en provincias de un mismo país. Con el auge de la biología molecular y la investigación inmunológica es de esperarse sea descubierto, a más de muchos secretos, el porqué del tropismo del Schizotripanum principalmente hacia la miofribilla, que podría facilitar la obtención de medicamentos capaces de eliminar totalmente al parásito en la etapa septisémica. Es la hora de la investigación farmacológica e inmunológica, dar el sitial que se merece el trabajo de los sanitaristas, todo como el mayor homenaje a CARLOS CHAGAS en el 72 aniversario de su muerte, el próximo 8 de Noviembre.
Dr.Gonzalo Villamizar, desde Caracas, Venezuela.

Carlos Ribeiro Chagas 1878-1934
Junto a él hay tres hombres erigidos en monumento por la causa antichagásica: Oswaldo Cruz, 1872-1917, el sabio brasileño que ayudó en el desempeño de Carlos Chagas; Salvador Mazza, argentino de ciencia y acción cuyo aporte es esencial en la lucha contra el mal de Chagas, y Mario Fatala Chaven 1936-1962, otro argentino, el joven científico mártir, ultimado por la filaria que intentaba vencer en un desigual combate de laboratorio. Son las odiseas de esta epidemia ensañada contra la población, ya no meramente de América, sino que por esta aldea global ha cruzado el Atlántico. Aunque el Maestro se adelantó a suponer que el parásito no se detendría en su invasión sistémica sino que con el tiempo habitaría al interior de los tejidos, se necesitaron 50 años para comprobarlo y hoy contempla con satisfacción desde el más allá cómo unas cuantas generaciones de investigadores y clínicos han continuado sus pasos iniciales y enriquecido la ciencia en el conocimiento clínico; progresos que no se han logrado en el área farmacológica y en la prevención, en la que tanto énfasis puso Carlos Chagas. Se ha avanzado para reparar las secuelas de la cronicidad con diversos recursos, exploraciones y el transplante, pero no se ha podido interceptar efectivamente al agente en la fase aguda para detener el pase a la cronicidad, donde, atrincherado especialmente en el corazón, son inoperantes los medicamentos. Sigue siendo la enfermedad de los pobres a medida que aumenta la desigualdad social, razón por la cual hay desinterés para producir medicamentos y precario financiamiento para la investigación farmacológica, es insuficiente la ayuda oficial, está ausente la filantropía. En el trabajo de saneamiento no se han logrado protocolos aceptables para todos, porque predominan intereses locales, interpretaciones académicas y políticas controvertidas hasta en provincias de un mismo país. Con el auge de la biología molecular y la investigación inmunológica es de esperarse sea descubierto, a más de muchos secretos, el porqué del tropismo del Schizotripanum principalmente hacia la miofribilla, que podría facilitar la obtención de medicamentos capaces de eliminar totalmente al parásito en la etapa septisémica. Es la hora de la investigación farmacológica e inmunológica, dar el sitial que se merece el trabajo de los sanitaristas, todo como el mayor homenaje a CARLOS CHAGAS en el 72 aniversario de su muerte, el próximo 8 de Noviembre.
Dr.Gonzalo Villamizar, desde Caracas, Venezuela.

Carlos Ribeiro Chagas 1878-1934









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