El Viaje por Claudio Goldini
La noche
Hace frío, con la luz de la luna tan intensa parece de día, camina sin parar, por momentos suplica, balbucea, la arena de la playa se prolonga hasta el horizonte, a su izquierda el esqueleto de una cama de hierro sin colchón, brilla, la luz la enceguece, será otra noche-día, sin poder dormir, deseando la oscuridad, camina alrededor de la cama, intenta acostarse, no puede, la cama tampoco tiene el elástico. Se echa en la arena. Se levanta, camina, piensa que llegará el día y el tren, quiere dormir, no puede.
El día
Llega el día, el ambiente es denso, la vegetación escasa, más lejos su casa, un muro blanco, sin techo, la luz interminable, busca un lugar de sombra por el muro, la luz de pleno no da sombra, ahora tiene calor. Apenas se da cuenta que se está orinando. Está condenada a la luz, a no dormir.
El tren
Como todos los días sube al tren, piensa: será como, igual?, afuera la luz que la ciega, sentado a su lado un pasajero dormido, parece muerto. Apoya su cabeza y los brazos en el asiento de adelante, trata de dormir, no puede, mira atrás otro pasajero muerto, a su lado otro agoniza.
La llegada
Se encuentra en un lugar distinto, un hombre de cara afilada y ojos vivos la invita sonriendo a pasar a una habitación, abre una puerta de vidrio y hierro, el interior es oscuro, una soga con ropas, por fin sombras!
Se acuesta, el hombre la desviste, la coge, apenas se resiste y se duerme.
La partida
¿Cuánto durmió? La habitación sigue a oscuras, se levanta, abre la puerta, por fin la noche, la luna es un punto en el cielo, se agranda lentamente, hasta que la luz nuevamente se hace intensa, frente a ella el hombre, inmóvil.
Se toca la piel, está muy fría, con los dedos recorre su brazo derecho, las venas están hinchadas y dolorosas. Toma la jeringa. Comienza un nuevo viaje.
Copyright Claudio Goldini 2005-2006
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