La Enfermedad de Maurice Ravel (II)
La enfermedad de
Maurice Ravel
El más dramático caso de un músico víctima de daño cerebral es ciertamente el
del compositor francés Maurice Ravel (1875-1937), quien pasó los últimos cuatro
años de su vida en un estado de absoluta incapacidad para componer, aunque no
perdió la habilidad de escuchar y apreciar piezas musicales. Algunas
características de la enfermedad de Ravel contienen importante información
referente a la organización de las funciones musicales en las estructuras
cerebrales, y sus relaciones con las funciones verbales.
Los primeros síntomas de disfunción neurológica en Ravel fueron de tipo
agráfico y aparecieron en el año 1933. Uno de sus discípulos y amigos advirtió ciertos errores en la partitura de una pieza que Ravel estaba
componiendo (Don Quijote y Dulcinea). Cuando se los señaló, el compositor no se
dio cuenta de ellos. Cartas escritas por Ravel en esa época muestran también
errores en la escritura que no se observan en cartas anteriores.Esto sugiere
que, en ese tiempo, Ravel era dueño todavía de sus habilidades para componer
música, pero experimentaba ya trastornos agráficos. Tales trastornos empeoraron
pronto y, a finales de 1933, ya no era capaz de escribir ni leer su propio
nombre. También se hicieron aparentes signos de afasia de Wernicke, pero éstos permanecieron leves hasta su muerte, de forma que el compositor
podía expresarse con claridad y entender lo que se le decía, aunque tenía
dificultad para encontrar nombres propios.
Es difícil determinar cuándo Ravel se dio cuenta de un déficit relacionado
directamente con su destreza musical. A pesar de algunos intentos, no volvió a
componer después de abril de 1933, aunque tampoco advirtió inmediatamente que
había perdido su aptitud para la composición musical, como lo ilustra el hecho
de que, en septiembre de ese año, concedió una entrevista en la cual describió
minuciosamente una ópera que planeaba componer: Juana de Arco. Sin embargo,
en noviembre, confiaba a uno de sus amigos: "Nunca escribiré mi Juana de
Arco; esa ópera está aquí, en mi cabeza, la escucho, pero nunca la escribiré. Se
acabó: ya no puedo escribir mi música". A pesar de que Ravel mencionaba
frecuentemente esta falta de habilidad para escribir, ejecutar o cantar la
música que podía generar "en su cabeza", lo cual constituyó el
déficit principal de su enfermedad, ello no fue específicamente estudiado por
el neurólogo Alajouanine, quien atendió al músico durante más de dos años. La
enfermedad de Ravel tuvo características adicionales relacionadas con el
dominio musical: falta de habilidad para ejecutar a primera vista,
imposibilidad para interpretar de memoria sus propias composiciones (excepto,
en algunas ocasiones, unos cuantos compases), incapacidad de nombrar o escribir
notas musicales escuchadas. Ravel podía escribir una nota en el pentagrama si
se le daba su nombre; podía también, de manera vacilante, escribir de memoria
algunas de sus composiciones, aunque con errores; no tenía dificultad para
tocar escalas mayores y menores en el piano, y sus habilidades perceptuales
auditivas permanecieron intactas. Recordaba perfectamente sus propias
composiciones y, cuando escuchaba una interpretación, podía detectar cualquier
desviación de lo que él había escrito.
La enfermedad de Ravel, por tanto, consistió en un deterioro selectivo de las
funciones subyacentes a la traducción de representaciones musicales de una
modalidad a otra, es decir, de una representación visual a una representación
motora o auditiva, o de una auditiva a una visual o motora, en tanto que
ninguna de estas modalidades considerada por separado estaba dañada. Ravel no
tenía un déficit motor, dado que era capaz de ejecutar escalas en el piano de
la misma manera en que lo hacía antes de la aparición de su enfermedad; no
tenía daño auditivo y, con base en la información obtenida de sus biografías,
no tuvo tampoco agnosia espacial, topográfica, de objetos o rostros, aunque
tenía dificultades para alcanzar objetos con sus manos. Desde un punto de
vista funcional, Ravel se convirtió en un iletrado musical y ello no se debió a
la pérdida del conocimiento o de la técnica musical, sino al hecho de que ya no
fue capaz de usar este conocimiento en una forma integrada que le permitiera
traducir representaciones musicales de una modalidad a otra.
Ha habido mucha especulación alrededor de la etiología de la enfermedad de
Ravel. Henson ha revisado el caso recientemente y, sobre la base de las
evidencias disponibles, ha sugerido que la causa más probable de su enfermedad
fue una degeneración cerebral relativamente focalizada, de la cual algunos
casos similares han sido descritos hace poco, aunque no en músicos. Los
síntomas de agrafia, alexia y afasia sugieren un compromiso selectivo del
hemisferio izquierdo, en tanto que la presencia de afasia de Wernicke señala un
trastorno localizado en la región posterior de dicho hemisferio, en la
circunvolución temporal superior y en la región inferior del lóbulo parietal. Lo
que no puede ser determinado inequívocamente es si el daño en este territorio
fue también el responsable del deterioro musical de Ravel, o si los trastornos
que afectaron sus habilidades musicales fueron más bien el resultado de lesiones
en otras áreas del cerebro. Resultados de tomografías por emisión de positrones
indican que existe muy poca sobreposición entre las regiones corticales cuyo
daño produce afasia de Wernicke, alexia y agrafia, y aquellas regiones
activadas durante la ejecución a primera vista para la cual Ravel estaba
impedido. Consistentes con la disociación inicial de los déficits verbal y
musical –disociación que define el patrón neurológico de Ravel–, estos datos
anatomofuncionales señalan que las funciones verbales y musicales se alojan en
estructuras cerebrales distintas, aunque contiguas.









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