La máscara como exhibición

Yinka Shonibare. Un Ballo di Maschera, 2004.
La gente suele entender el concepto máscara como signo de ocultación. Pero, el arte contemporáneo, tan extremo en sus planteamientos, ha hecho de este gesto de travestirse u ocultarse en otras identidades, un signo de exhibición del yo interior. O, por lo menos, como un cuestionamiento de lo que se nos revela ante el espejo.
La muestra que ahora presenta el da2, bien organizada y con una selección precisa de las obras, arranca con las fotos de la pionera Claude Cahun. Ésta, escritora y una de las pocas mujeres que se unieron al grupo surrealista, sirve como paradigma de la apariencia andrógina. Cahun utilizaba su cuerpo como un campo de batalla. Al igual que lo hacen las fotos de Risk Hazenkamp, en las que se trasviste en hombre, hasta el extremo de que percibimos que tiene una incipiente barba... La lista de nombres es infinita. De Sam Taylor Wood, a Cindy Sherman, pasando por nombres como Larry Fink , Vasco Araujo, o Ulrike Ottinger, hasta Orlan, "el furero" Marceli Antunez, Sterlac, Leigh Bowery (rey del travestismo de los 80) Todos muestran cómo la mascara como tal y como pretexto, afecta a la expresión artística actual. La exposición, funciona como un crisol de ambigüedades e identidades. Y, la misma, pone en tela de juicio la identidad social y la identidad personal de algunos artistas presentes.
Y es que creo que el hecho de colocar a la entrada la proyección continua del filme Zelig, la película de Woody Allen, resume en gran parte la tesis de la exposición. Zelig, es un extraño hombre empieza a llamar la atención pública debido a sus repetidas apariciones en diferentes lugares con diferentes aspectos. Este hombre, Leonard Zelig (Woody Allen), tiene la capacidad sobrenatural de cambiar su apariencia adaptándose al medio en el que se desenvuelve, por lo que es conocido como el hombre camaleón. A partir de aquí se narra su historia, incluyendo testimonios y presentación de los hechos, de manera de documental, basándose en diferentes testigos de los acontecimientos. Puede que, al parecer, como el pobre Zelig, nosotros mismos seamos parte de una rutina de apariencias y mascaradas, sirviendo, nosotros mismos, como conejillos de indias y como reflejo y modelo para el arte contemporáneo
Pero, la máscara, la subversión, el estereotipo acaso, ¿tiene hoy día el efecto que tenía en la edad moderna? Creo que no. La mascarada ya no es subversión. Es la manifestación de una realidad que sale del interior al exterior. Una necesidad. Por ello, aquí la mascara no es ocultación. Es el esplendor del yo, la demostración del ego. Ego trip.
Cristóbal Álvarez Teruel









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