CRÓNICAS DE UN ESTADO VEGETATIVO (I)

Republicado

 “PACIENTE VS. PERSONA"
Ya hacía aproximadamente un mes, poco tiempo después que me recibí de fonoaudióloga, que andaba por los pasillos del hospital tratando de responderme qué era lo que me había llevado a querer con tantas ansias estar ahí.
Formaba parte del Grupo de Neurotrauma, habíamos comenzado reuniéndonos solamente los viernes y aunque no teníamos muchos pacientes  me parecía una eternidad tener que esperar tanto tiempo el próximo viernes. Hasta ese momento tenía la sensación de que los pacientes transitaban como una ráfaga; cuando recién empezaba a entender que les pasaba, eran dados de alta o trasladados a otra parte, mis historias quedaban inconclusas, mi intervención era nula, me invadía una fuerte sensación de vacío y frustración.

Ese día nos reunimos como todos los viernes, los comentarios de la evolución de los pacientes habían terminado y nos disponíamos a realizar la recorrida por las salas, en Terapia Intensiva teníamos un nuevo ingreso. Un accidentado de moto en coma.
La enfermera nos dijo: “ése es el paciente”, señalando la cama cinco; el primer impulso fue ingresar al box, pero no pude porque estaban aseándolo. Recorrimos el pasillo hasta llegar al office donde estaban todas las historias clínicas. Una de mis compañeras nos leía los datos, yo anotaba todo tratando de no perderme ningún detalle para que el día de mañana me pudiera servir para su recuperación. Me iba con toda su historia no sólo escrita,  sino también dando vueltas en mi cabeza cuando lo vi, todo conectado, y a pesar de que ya estaba adaptada a esos cuadros críticos, sentí que me enfrentaba con la probabilidad de la muerte. Por la tarde una de mis compañeras entrevistaría a la madre.

Como no tenía experiencia con pacientes en coma, busqué un médico de la sala que me explicara paso a paso la evolución. Por momentos tenía la impresión de que iba a salir   como aquel día en que se estremeció mientras le lavaban la cabeza. Le pregunté a mi jefe si era posible que esa respuesta fuese positiva. Luego de  hablar con él, comprendí que por más esfuerzos que hiciéramos era poco, casi nada, lo que se podría lograr.
Los días pasaban y no sé por qué el caso me atrapaba más que los demás, pasaba a verlo a él primero y al terminar la recorrida tenía la necesidad de despedirme de él, de Javier.
En una de las entrevistas que tuvimos con la madre, mientras nos mostraba unas fotos de Javier, contuve el impulso de llorar y buscaba miradas cómplices que me ayudaran a no quebrarme.

 Al regresar a mi casa me di cuenta de que la situación me superaba, se escapaba de mis manos, no lograba despegarme de Javier. Hoy ya no está en el hospital. Volvió a su casa, en estado vegetativo. Su madre, después de un tiempo, nos llamó buscando ayuda.
Sé que está vivo, no sé  si me recuerda,  o si alguna vez me vio,  o si en algún momento supo que estaba cerca, pero tengo la sensación de mi presencia junto a su cama, viva, tratando de devolverle la vida que ya no tenía.

Pasó un tiempo desde el llamado de su madre, discutimos entre nosotros cual era la determinación que tomaríamos “¿lo vemos en su casa?” preguntó el Jefe, pasó un momento,  yo internamente pedía ¡por favor que digan que sí!
Creía que este caso ya estaba cerrado, los pacientes en ese momento eran muchos y mi ocupación mayor,  pero él seguía siendo mi prioridad sin lugar a duda. Cuando se abrió la posibilidad de verlo, me di cuenta que en mi seguía latente ese fuerte sentimiento de no darlo por terminado, me resistía a que otros se ocuparan de él y de hacerme a la idea de que yo ya no lo asistía.
Cuantas preguntas e incertidumbres, sentía como que nuevamente estaba parada en el punto de partida, que nada había cambiado, salvo que yo no era la misma. Con el tiempo fui estudiando más y si bien no logré tomar una postura no pensaba como antes;  ¡Algo se podía lograr!. Sí, mejorarle su calidad de vida.

El gran día había llegado nos organizamos para ir a su casa; durante todo el viaje pesaba como reaccionaría al verlo, donde lo encontraría, en que estado.
 A pesar de mi ansiedad, fui la última en entrar, como su madre nos había contado estaba en el comedor, acostado en una cama articulada, lo vi como aquel día que partió del hospital,  con la mirada perdida, ausente, como si estuviera pensando en algo, sumergido en su mundo.
Éramos muchos al lado de la cama, me alejé un poco y dejé que mis compañeros lo examinaran. Su estado no era bueno, tenía posturas viciosas, escaras, y estaba algo desnutrido, pero lo más impresionante fue que al tratar sentarlo su cara cambió, como  si quisiera comunicarnos algo.
Lo mismo: ¿emoción o reflejo?...

Lic. Silvina S. Ciardiello

Licenciada en Fonoaudiología. Miembro Asesor, Grupo de Trabajo de Neurotrauma, Coordinadora Docente

Grupo de Trabajo de Neurotrauma, Hospital General de Agudos Juan A. Fernández, Buenos Aires, Argentina.  Coordinador: Dr. Claudio Goldini.


 










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