Antropología de la Risa
En las sociedades tradicionales lo burlesco (y, por tanto, la risa) es entendido como un vínculo entre dos personas relacionadas. En los clanes se permite embromar al otro sin que este pueda darse por ofendido. Este tipo de relación es un factor de equilibrio para la estructura social. Entre las sociedades matrilineales este tipo de relación es claro: se sabe a quién se puede embromar y a quién no, tal como ocurre con la familiaridad entre nietos y abuelos, que llega a lo burlesco en las sociedades tradicionales de Australia, África, Norteamérica y los oradores de la India. En las sociedades patrilineales la burla está prohibida entre padres y tíos, e hijos y sobrinos (tal como lo evidencian los trabajos de R. Brown), pues sedimenta la estructura de la sociedad. Griaule entre sus trabajos sobre los dogones, encontró que la relación burlesca genera asimetrías y simetrías en la economía del poder, pues la burla puede llegar a convertirse en una mezcla de rasgos amistosos y hostiles. Tensiones sociales que llegan al extremo de evitar contacto entre primos cruzados y entre las suegras evitan tener en contacto entre sí, excepto por relaciones del tipo burlesco, para evitar el incesto, evidenciando la ambigüedad en sus relaciones interpersonales. En otros contextos, tanto en las sociedades tradicionales como las contemporáneas, la burla es un signo de la violencia potencial, estableciéndose entre grupos o individuos opuestos que desean evitar enfrentamientos reales, estrategias burlescas con las cuales logran exorcizar psíquicamente los enfrentamientos.
La tensión entre relaciones asimétricas y simétricas en la economía del poder se manifiesta claramente en un mito yanoamo (recopilado por J. Lizot en su libro La pantorrilla preñada) donde los animales representan a los yanoama, cuyo símbolo de la cultura es el fuego, que está escondido en las fauces del cocodrilo. Para alejarse estos clanes de su animalidad y humanizarse necesitan robarle el fuego al cocodrilo. Las bufonadas sexuales que logran hacer reír al cocodrilo son una fusión de sentimientos opuestos, que manifiestan el surgimiento de la cultura en estas sociedades: al ser expulsado el fuego de sus fauces y ser robado se crean las distinciones entre lo crudo y lo cocido, entre el nomadismo y el sedentarismo, entre los animales y la humanidad.
En mitos, de diversas culturas tradicionales, existe una dialéctica opuesta: la prohibición de reírse entre los muertos. En un mito de los esquimales “El alma (o el chamán) que parte hacia el mundo superior se encuentra con la cortadora de vísceras. Tiene un balde y un cuchillo ensangrentado. Toca el tambor, baila con su sombra y sólo dice estas palabras: La abertura de mis pantalones. Al dar su espalda enseña un hondo canal por donde se ve un pez. Su boca se tuerce tanto que puede besarse el trasero y con el carrillo se pega en la cadera. Mirándola sin reírse no se corre peligro, mas cuando los labios dibujan una mueca, abandona el tambor, toma el cuchillo y descuartiza al desdichado y lo devora” [2].
Para Vladimir Propp “quien ríe en el inframundo demuestra que no está suficientemente purificado de su humanidad y por tanto de lo terrenal; por esta razón el chamán, una vez llegado al reino de los muertos —o de los espíritus—, ríe para revelar que está vivo.”[3] Pues él posee los espíritus auxiliares y el exorcismo de la risa para vencer a los señores de la muerte y rescatar el alma del enfermo. Esta situación de éxtasis y risa —uno de las rasgos que para M. Eliade caracterizan al chamanismo es el ser una técnica de éxtasis— en Centroamérica se presenta en las sesiones chamánicas e iniciáticas con hongos. En el período inicial de risas se manifiesta la liberación del espíritu, cumpliendo una función de protección mágica, tal como lo demuestran las sesiones que tuvieron los antropólogos con María Sabina, entre otras chamanes de la zona de Oxaca, en México.
La risa como expresión de la muerte reta a los Señores de la Muerte. En el reino de lo muertos los vivos no deben reír, pues obviamente representan una de las mayores manifestaciones de la plenitud de la vida. Por esta razón en algunas sociedades tradicionales el alumbramiento de un niño va acompañado de risas, que en un primer instante son actuadas, pero que por contaminación se mutan en un reír colectivo, que busca anunciar y exorcizara la muerte y sus influencias a través de la magia de la risa. Esta dialéctica sacra también se presenta en los ritos de iniciación, pues tras la muerte iniciática, propia de todo rito de paso, se da un renacer que da al iniciado un nuevo status ontológico, una nueva sensibilidad y una visión que le permite entrar en contacto con la esencia de la realidad y el mundo sobrenatural. Este renacer se manifiesta en diversos contextos a través del reír. En un rito de los indios de Oceanía recopilado por F. Boas dos hermanos son engullidos por una ballena que se los lleva, episodio que posee una estructura iniciática, pues introduce simbólicamente a los iniciados en un útero donde sufrirán las torturas que les darán acceso a un nuevo nivel del existencia. En el vientre de la ballena están a punto de asarse debido al calor, por lo que pierden todo el pelo. Al verse el uno al otro ríen por la transformación iniciática que se dio en ellos, y se permite con ello su salvación.
1.- Aristóteles e Hipócrates: De la Melancolía, México, Edit. Revueltas, 1995, p. 66.
2.- Este mito es recopilado por Vladimir Propp en su libro sobre el Edipo de K. Rasmussen.
3.- Propp, Vladimir: Edipo a la luz del Folklore, España, Edit. Fundamentos, 1980, p. 58. Febrero de 2002, Año 12, Número 216 Descripción: Monográfico de la revista SOMOS dedicado a las actrices que han hecho reir a varias generaciones de mexicanos. Incluye también artículos dedicados al productor Gregorio Walerstein y a la estrella Lupita Tovar. Comentario: Este número de SOMOS rinde un merecidísimo homenaje a varias generaciones de actrices cómicas mexicanas. Desde los tiempos de las carpas y las tandas, hasta nuestros días, la comedia mexicana ha tenido también una mirada de mujer. Destaca la recuperación de nombres que hoy en día no le dicen mucho a los lectores jóvenes, pero que fueron muy importantes en su tiempo: Lupe Rivas Cacho, Delia Magaña, Amelia Wilhelmy, Etelvina Rodríguez, Dolores Camarillo "Fraustita", Las Kúkaras y tantas otras mujeres que deleitaron a su público en la escena, la radio, el cine y la televisión mexicanos
Eduardo Planchart
Libros del Cine Mexicano









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