La Enfermera Clara Delacre: es una pena que no haga lo mismo en su propio país, la Argentina
A los 30 años, abrió en Níger un programa de nutrición infantil
Clara, una enfermera "sin fronteras"
Afirma que en la Argentina debería jerarquizarse una profesión muy útil en la atención primaria
La sonrisa de madre e hijos, el mejor agradecimiento
Foto: Gentileza Clara Delacre (La Nación, 11/1/07)
Lejos, muy lejos, está la enfermería actual de aquella imagen de la enfermera de un blanco impecable retratada en la sala de espera del médico mientras exigía hacer silencio. Pero aunque las enfermeras de hoy están capacitadas tanto para opinar sobre ingeniería genética como para identificar y atender las necesidades básicas de una población, la profesión aún no está lo suficientemente jerarquizada en nuestro país.
"Me acuerdo de que cuando dije que quería estudiar Enfermería me respondieron que estaba loca y que por qué no estudiaba Medicina o Economía... Es una profesión que sólo da lo suficiente para vivir dignamente, y sigue siendo muy difícil encontrar interesados para estudiar una carrera universitaria de cuyos recursos humanos hay una necesidad en el país", comentó la licenciada en Enfermería Clara Delacre, que en 2006 fue la responsable de abrir en Níger (Africa) el programa de nutrición de la organización humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF).
En diálogo telefónico con LA NACION desde el sur argentino, después de un año con mucho trabajo y no menos emociones, Clara afirmó que la enfermería universitaria tiene "muy buen nivel" en los hospitales públicos y privados de las principales ciudades de la Argentina, pero que "quedó estancada" en los pueblos más alejados.
Además, destacó la importancia de las enfermeras en la prevención, la asistencia y la educación de la salud. "La enfermería es una pieza clave en la atención primaria porque se mete en los pueblos y conoce sus necesidades: si hay que poner agua potable, educar en la lactancia materna o mejorar la nutrición... En la Argentina, el sistema de salud es bueno, con hospitales increíbles y escuelas de enfermería de alto nivel, pero no está bien gestionado."
Clara logró que el programa humanitario para capacitar enfermeras y contrarrestar una crisis de desnutrición aguda en chicos de 0 a 5 años que había sido previsto para un año despertara el interés del gobierno de Níger, donde el acceso a la salud no es público ni gratuito, y continúe en 2007.
"Llegué en la época de lluvias. Hacía mucho calor, había gran cantidad de mosquitos y estaban en el pico de la malaria -recordó Clara-. Desde el avión que me llevaba desde la capital [de Níger] hasta el pueblo en el que iba a trabajar sólo veía desierto, y en ese momento me pregunté: «Dios mío, ¿dónde me metí?»". Pero una vez en el hospital de Madaoua, ubicado a ocho horas en automóvil de la capital, Clara se subió a la camioneta de MSF y empezó a recorrer kilómetros de desierto hasta cada uno de los pueblos que, juntos, concentran el 58% de la población hausa, que desde hace más de mil años habita en Nigeria y Níger.
"Los chicos se morían y las madres eran estoicas: los cargaban en la espalda y se iban a sus casas para preparar la ceremonia fúnebre -relató-. Aunque no comprendía esa actitud al principio, después me di cuenta de que no es falta de amor, porque son madres que caminan 20 kilómetros para que sus hijos reciban atención médica en un país donde la mortalidad infantil es de 150 chicos por cada mil y el acceso a la salud es muy limitado."
El programa de nutrición de MSF incluye también la capacitación para atender otras enfermedades frecuentes en ese país africano, como la malaria, el cólera, la deshidratación por diarrea y vómitos, la meningitis, la neumonía y los problemas de piel. "La malaria es una enfermedad mortal, y me di cuenta de que no sabía bien de qué se trataba cuando me enfrenté con el 18% de mortalidad infantil", confesó.
A diario, Clara guiaba a las enfermeras en el control de la talla de los bebes y la identificación de la malnutrición. "Irme fue durísimo, pero hay que hacerlo -admitió-. Es muy grato ayudar a esos chicos a crecer, aunque sólo colaboré para que se recuperaran. Ellos hicieron todo el trabajo..."
Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION
Lejos, muy lejos, está la enfermería actual de aquella imagen de la enfermera de un blanco impecable retratada en la sala de espera del médico mientras exigía hacer silencio. Pero aunque las enfermeras de hoy están capacitadas tanto para opinar sobre ingeniería genética como para identificar y atender las necesidades básicas de una población, la profesión aún no está lo suficientemente jerarquizada en nuestro país.
"Me acuerdo de que cuando dije que quería estudiar Enfermería me respondieron que estaba loca y que por qué no estudiaba Medicina o Economía... Es una profesión que sólo da lo suficiente para vivir dignamente, y sigue siendo muy difícil encontrar interesados para estudiar una carrera universitaria de cuyos recursos humanos hay una necesidad en el país", comentó la licenciada en Enfermería Clara Delacre, que en 2006 fue la responsable de abrir en Níger (Africa) el programa de nutrición de la organización humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF).
En diálogo telefónico con LA NACION desde el sur argentino, después de un año con mucho trabajo y no menos emociones, Clara afirmó que la enfermería universitaria tiene "muy buen nivel" en los hospitales públicos y privados de las principales ciudades de la Argentina, pero que "quedó estancada" en los pueblos más alejados.
Además, destacó la importancia de las enfermeras en la prevención, la asistencia y la educación de la salud. "La enfermería es una pieza clave en la atención primaria porque se mete en los pueblos y conoce sus necesidades: si hay que poner agua potable, educar en la lactancia materna o mejorar la nutrición... En la Argentina, el sistema de salud es bueno, con hospitales increíbles y escuelas de enfermería de alto nivel, pero no está bien gestionado."
Clara logró que el programa humanitario para capacitar enfermeras y contrarrestar una crisis de desnutrición aguda en chicos de 0 a 5 años que había sido previsto para un año despertara el interés del gobierno de Níger, donde el acceso a la salud no es público ni gratuito, y continúe en 2007.
"Llegué en la época de lluvias. Hacía mucho calor, había gran cantidad de mosquitos y estaban en el pico de la malaria -recordó Clara-. Desde el avión que me llevaba desde la capital [de Níger] hasta el pueblo en el que iba a trabajar sólo veía desierto, y en ese momento me pregunté: «Dios mío, ¿dónde me metí?»". Pero una vez en el hospital de Madaoua, ubicado a ocho horas en automóvil de la capital, Clara se subió a la camioneta de MSF y empezó a recorrer kilómetros de desierto hasta cada uno de los pueblos que, juntos, concentran el 58% de la población hausa, que desde hace más de mil años habita en Nigeria y Níger.
"Los chicos se morían y las madres eran estoicas: los cargaban en la espalda y se iban a sus casas para preparar la ceremonia fúnebre -relató-. Aunque no comprendía esa actitud al principio, después me di cuenta de que no es falta de amor, porque son madres que caminan 20 kilómetros para que sus hijos reciban atención médica en un país donde la mortalidad infantil es de 150 chicos por cada mil y el acceso a la salud es muy limitado."
El programa de nutrición de MSF incluye también la capacitación para atender otras enfermedades frecuentes en ese país africano, como la malaria, el cólera, la deshidratación por diarrea y vómitos, la meningitis, la neumonía y los problemas de piel. "La malaria es una enfermedad mortal, y me di cuenta de que no sabía bien de qué se trataba cuando me enfrenté con el 18% de mortalidad infantil", confesó.
A diario, Clara guiaba a las enfermeras en el control de la talla de los bebes y la identificación de la malnutrición. "Irme fue durísimo, pero hay que hacerlo -admitió-. Es muy grato ayudar a esos chicos a crecer, aunque sólo colaboré para que se recuperaran. Ellos hicieron todo el trabajo..."
Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION
Comentario de Goldini: Es una pena que Clara no haya desplegado el mismo esfuerzo en su país.









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