Metegol en el recuerdo

Una historia:

DE RASTRON

El metegol siempre merecerá un homenaje:
 

Ni al pasar ni al azar ni por ausencia de otros temas fue que el Gordo confesó que durante tres o cuatro años de su infancia tuvo una obsesión que no sólo no olvidaba, sino que reivindicaba entera. Quería ser arquero de metegol. "Para mí, los arqueros de metegol representaban la imagen de la resistencia, unos hombrecitos que se aguantaban goles y golpes con una dignidad maravillosa y que, a veces, hasta eran la base de los mejores triunfos. La niñez siempre necesita de sonrisas y de héroes. Los arqueros de metegol eran los míos", se justificó el Gordo ante sus compañeros del Bar de los Sábados, quienes, nobles conversadores de cada sábado, entendían que la confesión del Gordo brotaba en una semana especial. Unos días antes, en España, el país en el que nació y al que volvió tras un exilio extenso, había muerto Alejandro Finisterre, el inventor del metegol.

Erudito en cada tema, el Alto entendió que esa era una circunstancia solemne. Se puso de pie al borde de una de las mesas del Bar de los Sábados, dejó que su café amargo humeara y se enfriara, y habló: "Finisterre nos deja el testimonio de que las grandes creaciones humanas a veces surgen en situaciones de dolor. En 1936, durante la Guerra Civil Española, fue uno de los tantos jóvenes que terminó en un hospital a causa de las bombas que el franquismo lanzaba sobre Madrid. Ahí, internado, percibió que la mayor nostalgia de los chicos que sufrían el espanto era jugar al fútbol. Algunos, mutilados, no iban a poder hacerlo más. Por eso, generoso y brillante, se le ocurrió una especie de fútbol de mesa que permitiera que esos chicos recuperaran la felicidad perdida. En los años que siguieron, a él, republicano de alma, le tocó vivir lejos de casa, en Francia, Guatemala, Ecuador y México, hecho un poeta, un editor y, sobre todo, un hombre. Pero su invento viajó más todavía. Hace décadas que es una alegría que da la vuelta al mundo".

Cuando el Alto cesó de exponer y su café terminó de soltar humos, el Bar de los Sábados estaba en el mismo lugar que antes. Pero sus gentes temblaban. El Roto, habitué inamovible, le hizo traer al Alto un café nuevo y aplaudió durante un minuto completo. Una emoción le recorría la boca. También él tenía su memoria de metegol: "En un verano, compartí con mis primos el campeonato de metegol más largo de mi vida. Jugamos cuatro días y cuatro noches sin frenar. En el medio, comíamos, tomábamos, nos confidenciábamos amores, nos prometíamos viajes, nos reíamos por nada y por todo y nos prometíamos no separarnos jamás. Nuestro querido metegol de madera fue el único testigo".

El Alto también aplaudió al Roto y estuvo a punto de detallar cómo había sido la amistad entre Finisterre y el poeta español León Felipe. Pero el Pibe, mudo y conmovido hasta ese segundo, lo detuvo. "Mi madre detestaba al metegol —reveló— porque se daba cuenta de que era el principal enemigo de mi carrera escolar. Yo quería estudiar, lo juro, pero el magnetismo del metegol era tan grande que, de tarde en tarde, me desentendía de los libros y terminaba en algún bar como éste sacudiendo los brazos en unos desafíos fantásticos. Cuando los años pasaron, le admití a mi madre que me perdí algunas clases, pero también le dije que, pegado al metegol, descubriendo los mundos que se abrían en esas tardes, aprendí bastante de la vida. Funcionó: creo que ella ya no odia al metegol".

Cuatro cafés llegaron, entonces, hasta la mesa mayor del Bar de los Sábados. El Alto, el Gordo, el Roto y el Pibe los dejaron en espera. A un solo tiempo se levantaron y caminaron hasta el rincón donde, seductor e infaltable, un viejo metegol poblaba la escenografía. No tardaron nada en empezar un partido. Era un homenaje al gran Finisterre, pero, en especial, era una oportunidad para ser felices. Jugaron hasta que se hizo de noche. El Gordo, radiante, manejaba al arquero.

Ariel Scher
Fuente Clarín

Otra:
Alemania y Francia se disputan la paternidad del pasatiempo preferido de muchas personas en diferentes generaciones. Esto ocurrió entre finales de la década de 1920 y principios de los ‘30.
Este juego se originó por la necesidad de los pobladores de un pequeño pueblo azotado por las fuertes nevadas y vientos invernales, de jugar al deporte preferido: el fútbol.
Fue así como en cada bar adonde iban los aldeanos y pobladores a pasar el tiempo en compañía de sus amigos, comenzaron a idear una forma de practicar el fútbol bajo techo. Al comienzo, y siendo hábiles en el tallado de la madera, construyeron la mesa de juego, sus muñecos y los arcos, en madera.
Tiempo después, y viendo los grandes clubes de fútbol que podían atraer a mas personas a sus sedes, decidieron incorporar su "Tischfussball" (Fútbol de mesa). Las primeras mesas de juego Alemanas eran muy primitivas, comparadas con las presentes cromadas y de materiales plásticos que se ofrecen hoy en el mercado Norteamericano y las de fundición de aluminio del mercado local.
Consistían de una caja de rectangular de madera, con un multi laminado de madera de base, que hacia de campo de juego. Las barras eran usualmente varillas redondas de madera con bloques de madera rectangulares que hacían de figuras. Los arcos estaban cortados en los extremos, y se les colocaba unos bolsillos de tela para atajar las bolas a modo de red.
En 1948/49 cuando Alemania inicia su periodo de reconstrucción posguerra, distintas empresas comenzaron a fabricar "Mesas de fútbol" operadas por fichas. Estas primeras que se ofrecieron al mercado no tenían grandes avances respecto de las primitivas ya que los metales, los plásticos y las fórmicas se utilizaban para otros usos mas importantes.
Poco después y por aquel entonces se contaban dieciocho empresas diferentes fabricando "Mesas de Fútbol", todas tenían sus propias características ya que cada fabricante tenia sus propias ideas de como debía estar construida.
Resultado de esto fue que hubo todo tipo de formas y tamaños, y en consecuencia distintos modos de jugarlo en un principio.
Con el tiempo fue evolucionando lentamente hasta la forma casi homogénea en que lo conocemos hoy. Un entretenimiento en el cual hemos depositado nuestro tiempo, nuestra simpatía, nuestra diversión.

Fuente: En Plenitud.com

Imagen:Table football in new york.jpg

Futbolín (Metegol) Wikipedia

 

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