Argentina: La ganadería presionada por la soja
La oleaginosa influyó en la suba de los arrendamientos en zonas dedicadas a la actividad pecuaria; hubo importantes alzas en campos de cría de la cuenca del Salado
El incremento de los precios de la soja, que paulatinamente corre la frontera agrícola hacia zonas tradicionalmente dedicadas a la ganadería, no sólo impulsa a los contratos para el arrendamiento de campos agrícolas, sino que también está haciendo que aumenten los precios de los alquileres ganaderos.
Alejandro de Elizalde, titular de la firma Elizalde, Garrahan y Cía., dijo a LA NACION que es muy difícil conseguir un campo ganadero.
"No hay casi oferta", dijo de Elizalde. "Los campos que hace dos años se alquilaban a 60 kilos de carne por hectárea hoy se pagan entre 70 y 80 kilos por hectárea", expresó. Luego agregó: "Incluso hay gente que, para hacer soja en su campo y no desprenderse de las vacas, ofrece un mayor porcentaje de la cría de la hacienda que da en consignación". En igual sentido, Esteban Sojo, de la firma Sáenz Valiente, Bullrich y Cía., explicó que "los alquileres de campos ganaderos subieron porque la gente quiere hacer soja en su campo y, entonces, busca otros campos para colocar su hacienda".
Costo de oportunidad
En opinión de Sojo, "hace dos años, por un campo de cría bueno, en la zona de Maipú o Rauch, se pedían entre 60 y 65 kilos de carne por hectárea, y ahora se están pidiendo 90 kilos para acordar en 80".
Para el economista Camilo Tiscornia, "en los últimos años hubo un avance muy fuerte de la soja en varios campos que antes se dedicaban a la ganadería por el aumento del precio internacional de la oleaginosa, pero también por el creciente desincentivo hacia la producción ganadera que impulsan las medidas del Gobierno para tratar de evitar que aumente el precio interno de la carne".
"El precio de los arrendamientos ganaderos sigue subiendo no por la utilidad de la ganadería, sino por el gran costo de oportunidad que implica no hacer soja", dijo Tiscornia. "Hay un doble juego. Por un lado, mucha gente retiene las hembras porque cree que, en el largo plazo, el precio de la carne se va a sincerar, pero, a la vez, la ganadería se está restringiendo al máximo y se desplaza hacia zonas cada vez más marginales", explicó Tiscornia. El economista añadió: "Esto tiene un límite, porque también hay muchos productores que están liquidando vientres y el stock ganadero se está achicando".
Según Tiscornia, el avance de la agricultura sobre la ganadería depende de una decisión política del Gobierno. "Este proceso va a durar hasta que el Gobierno se dé cuenta de que este aumento de la soja es peligroso en el largo plazo y comience a dar señales más alentadoras para la producción ganadera", opinó.
María Martini
La Nación
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