Pier Paolo Pasolini, un intelectual
Extraído de el texto de la intervención de Pier Paolo Pasolini que iba a tener lugar en el Congreso del Partido radical de noviembre de 1975. Había sido asesinado 2 días antes.
-Haciendo abstracción de su ideario político el texto demuestra el pensamiento brillante de un intelectual. Cuántos de estos existen en la actualidad?, la gente del común lo ignoramos, salvo los que nos presentan los medios como "pensadores" que escriben perogrulladas, como por ejemplo los artículos de Santiago Kovadloff (pensador argentino reconocido a nivel de los mass media) que se publican los domingos cada 15 días en el diario La Nación de Argentina en su sección Enfoques. Y esto no es precisamente un comentario en contra de Kovadloff sino que él, como otros, han sido elevados a niveles que quizás no corresponden, mientras que otros, quizás de mayor relevancia, los desconocemos. Insisto, hablo desde la gente del común-. (comentario de Goldini)
Pier Paolo Pasolini
Cuarto párrafo
¿En qué sentido la conciencia de clase no tiene nada que ver con la conciencia de los derechos marxistizados? ¿En qué sentido el Pci no tiene nada que ver con los extremistas (aunque a veces a través de la vieja diplomacia burocrática los llama a su seno, por ejemplo, tal y como ha hecho al codificar el Sesenta y ocho en la línea de la resistencia)? Es bastante simple, mientras que los extremistas luchan por los derechos civiles marxistizados pragmáticamente, en nombre, tal y como he dicho, de una identificación final entre explotado y explotador, los comunistas, por el contrario, luchan por los derechos civiles en nombre de una alteridad. Alteridad (no simple alternativa) que por su misma naturaleza excluye toda posible asimilación de los explotados con los explotadores. La lucha de clases ha sido hasta ahora una lucha en pro del predominio de otra forma de vida (citando de nuevo a Wittgenstein potencial antropólogo), es decir de otra cultura. Tanto es así que las dos clases en lucha eran también - ¿como diría yo? - racialmente distintas. Y en realidad, lo siguen siendo básicamente. En plena edad del consumo.
Quinto párrafo
Todos saben que los "explotadores" cuando (a través de los "explotados") producen mercancía, producen en realidad humanidad (relaciones sociales). Los "explotadores" de la segunda revolución industrial (llamada también consumismo, es decir, grandes cantidades, bienes supérfluos, función hedonista) producen nueva mercancía, así que producen nueva humanidad (nuevas relaciones sociales). Ahora bien, durante los casi dos siglos de su historia, la primera revolución industrial ha producido siempre relaciones sociales modificables. ¿Cuál es la prueba? La prueba es la certeza substancial de la modificabilidad de las relaciones sociales en aquellos que luchaban en nombre de la alteridad revolucionaria. Ellos nunca han propuesto ni a la economía ni a la cultura del capitalismo una alternativa, sino, precisamente, una alteridad. Alteridad que hubiera debido modificar radicalmente las relaciones sociales existentes, es decir, antropológicamente hablando, la cultura existente. En el fondo, la "relación social" que se encarnaba en la relación entre siervo de la gleba y señor feudal, no era muy distinta de la que se encarnaba en la relación entre obrero y patrón de la industria. Y, en cualquier caso, se trata de "relaciones sociales" que se han demostrado igualmente modificables. Pero, ¿y si la segunda revolución industrial - a través de las nuevas e inmensas posibilidades que ofrece - produjese de ahora en adelante "relaciones sociales" inmodificables? Esta es la gran y tal vez trágica pregunta que hay que plantearse. Y en esto consiste en definitiva la burguesización total que está teniendo lugar en todos los países, definitivamente en los países capitalistas, definitivamente en Italia. Desde este punto de vista, las perspectivas del capital son de color rosa. Las necesidades creadas por el viejo capitalismo se parecían mucho a las necesidades primarias. Las necesidades que el nuevo capitalismo puede crear son total y perfectamente inútiles y artificiales. He ahí por qué, a través de ellas, el nuevo capitalismo no se limitaría a cambiar históricamente un tipo de hombre sino la humanidad misma. Cabe añadir que el consumismo puede crear "relaciones sociales" inmodificables, o bien creando, en el peor de los casos, en lugar del viejo clérigofascismo un nuevo tecnofascismo (que podría realizarse sólo con la condición de que se le llamase antifascismo), o bien creando como contexto de su propia ideología hedonista un contexto de falsa tolerancia y de falso laicismo, de falsa realización, es decir, de los derechos civiles, que en realidad es lo más probable. En ambos casos, el espacio para una auténtica alteridad revolucionaria se reduciría a la utopía o al recuerdo. Reduciendo de esa manera la función de los partidos marxistas a una función socialdemócrata, incluso competamente nueva desde el punto de vista histórico.
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El escándalo Radical









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