Chile: LA PROBLEMÁTICA DE LA MODIFICACIÓN GENÉTICA

La aplicación de nuevas tecnologías en agricultura, sin embargo, no es siempre una simple cuestión de retornos de efectivo. En Estados Unidos y otras partes del mundo, las cosechas modificadas genéticamente han significado importantes ahorros para los agricultores, pero han encontrado una férrea resistencia en Europa, donde los consumidores están preocupados sobre la seguridad que hay en interferir artificialmente especies naturales.

Ansioso por mantener buenas relaciones con todos los mercados, Chile se ha resistido a elaborar leyes de bioseguridad que podrían permitir el cultivo de cosechas modificadas genéticamente, pero sí autoriza la investigación y producción de semillas. Según Herrera, la posición “estratégicamente neutra” de Chile implica que puede despejar los temores entre los consumidores europeos sobre los alimentos Frankestein o Frankenfoods como se les denomina, mientras se mantiene al día sobre los últimos desarrollos.

Y el país tiene una masa significativa de investigadores y técnicos con el conocimiento requerido en caso de que cambie el clima internacional que rodea a los alimentos genéticamente modificados, afirma. “Con el tiempo, podría abrirse la puerta a los alimentos genéticamente modificados y Chile estará preparado si es que eso llega a ocurrir”, señala.

En ChileAlimentos, Alberto Montanari respalda la postura del gobierno, aunque otros temen que, en vez de proteger los interese del país, su actitud de “nado entre dos aguas” signifique que los agricultores chilenos estén perdiendo algunos mercados vitales. Alfredo Villaseca, director en Chile de Monsanto, productor estadounidense de semillas genéticamente modificadas, afirma que la situación es “ridícula”.

Los agricultores chilenos pueden producir semillas de maíz genéticamente modificadas, pero no pueden cultivar ni vender el mismo maíz en el país, afirma. A su vez, la semilla se exporta -por ejemplo, a Argentina o Estados Unidos-, luego se reimporta como maíz y los productores locales de cerdo lo emplean como alimento para sus animales.

“Chile tiene lo peor de los dos mundos”, concluye Villaseca. Mientras Juan Miguel Ovalle admite que la falta de producción nacional de granos para alimento está perjudicando un desarrollo más rápido del sector de producción de carne de cerdo y aves de corral.

En tanto, otros países están recurriendo a las ventajas de las cosechas genéticamente modificadas. La vecina Argentina ha sido capaz de incrementar la superficie plantada con porotos de soya de 2 a 14 millones de hectáreas, en la última década, gracias a los menores costos de producción de variedades resistentes a las pestes. Y, aunque las características de Chile implican que es improbable que se convierta en un importante productor de cosechas de granel, donde la tecnología de modificación genética se está empleando, esta tecnología se expandirá a otras especies, tales como las frutas estacionales, donde en la actualidad Chile tiene una ventaja competitiva.

Fuente: Business Chile

 

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