La Patrulla Infernal (Path of Glory), Kubrick como gran cineasta

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Kirk Douglas en La Patrulla Infernal

La Patrulla Infernal de Stanley Kubrick, la he visto 3 veces en mi vida, muchos años pasaron entre una y otra vez. La última hace unos días.
Confieso que esta vez me dejó asombrado, es como un documental o una crónica a la que no le falta ni le sobra nada. No soy crítico de cine, ni lo quiero ser, como tampoco me gustaría ser crítico de arte, por eso voy a mencionar las secuencias que me impresionaron desde la mirada de un médico-artista (en general un humano más que anda por ahí)
La película como todos saben, de lo contrario no dejen de verla, realizada en blanco y negro en 1956, es un alegato contra la guerra basado en un episodio de la primera guerra mundial. Es tan importante que en Francia estuvo prohibida hasta 1975.
Vamos a lo que más me impresionó.
La secuencia de la patrulla nocturna que sale de la trinchera y se acerca al "Hormiguero" bastión alemán - que el coronel Dax, abogado devenido en militar (Kirk Douglas) tendrá que tomar pese al estado de su tropa- acompañada por el fondo de un contrapunto de percusión impecable.
El largo momento (nos parece emocionalmente tan largo) en el cual el coronel Dax camina a paso firme por la estrecha trinchera entre las filas de los soldados apoyados en la pared, hacia el punto de salida en donde encabezará el ataque, debe ser la mejor actuación de Kirk Douglas en toda su vida. Tomado de frente, en medio plano, la cámara lo acompaña en su recorrido. El rostro de Douglas fijo, en un rictus, mirando fijo a la cámara y de vez en cuando a sus soldados, pero sin "mirarlos", revela el conflicto de la película, el horror y el sin sentido de la guerra, la imposibilidad de cumplir la orden de tomar El Hormiguero, el temor del hombre que sabe que puede morir y que cuantos a su lado morirán.
El ataque, que transcurre en unos pocos minutos, demuestra lo que tiene que demostrar y nada más: es imposible la misión, mueren muchos, retroceden a la trinchera. Hoy en día pensamos: como no hay más? Tan poco? Quiero ver más de la guerra!
El fusilamiento de los 3 pobres chivos expiatorios de la tropa "cobarde" del coronel Dax, presenciado por la oficialidad y el periodismo. El mismo Dax, erguido y mirando. Uno piensa: a estos no los van a fusilar. Si, los fusilan, y después? Nada,
el coronel pataleó un poco, puso algunas cosas en su lugar, pero siguió dispuesto a cumplir órdenes y lo demuestra al final de la película, otro momento impecable, recibe la orden de partir, la imparte, para una tropa de pobres humanos desvencijados cantando en una cantina, -la canción es lo único de la película que me parece que está de más- da media vuelta en forma militar e ingresa a una oficina. Fin

Claudio Goldini

Nota sobre la película
Kubrick filmó La patrulla infernal entre The Killing (Casta de malditos) y Espartaco, sobre la novela de Humphrey Cobb, adaptada por el propio director, en colaboración con Calder Willingham y Jim Thompson. Kirk Douglas, su productor y protagonista –en la que probablemente fue la mejor actuación de su carrera– dijo en 1969 que esta película había marcado el punto más alto de su carrera: “Hay una película que siempre va a ser buena, dentro de muchos años. No necesito esperar cincuenta años para saberlo; lo sé ahora”. Douglas tuvo también coprotagonistas a la altura de las circunstancias: Ralph Meeker como el coronel Philippe Paris y Adolphe Menjou como el general George Broulard, autor de una de las frases más contundentes que se pronuncian en toda la película: “Hay pocas cosas más fundamentalmente estimulantes que ver a otro hombre morir”. El crítico norteamericano Roger Ebert escribió años atrás que la escena final, esta misma por la que Roberto Fontanarrosa expresa su devoción, “no parece orgánica con la película. Hemos visto una horripilante carnicería, una corte marcial moralmente podrida, generales del ejército francés corruptos y cínicos más allá de lo imaginable, ¿y qué vemos ahora? Soldados borrachos, apiñados en una cantina, golpeando sus porrones contra las mesas mientras el dueño del lugar sube a una chica alemana aterrorizada al escenario. (...) Ella canta El húsar leal. (...) Si el canto de La Marsellesa en un bar en Casablanca era una llamada al patriotismo, esta escena es un argumento en su contra. (...) Las canciones al final de los dramas nos hacen sentir mejor. Son parte de una clausura. Pero esta canción al final de esta película nos hace sentir más desamparados. Kubrick no suelta sino que retuerce su cuchillo emocional. Cuando Truffaut dijo que era imposible hacer una película antibélica porque la acción argumenta a favor de sí misma, no podría estar pensando en La patrulla infernal, y no es de extrañarse: debido a su duro retrato del ejército francés, la película estuvo prohibida en Francia hasta 1975”.
Se dice que Kubrick había decidido cambiar el final del libro para garantizarse un resultado más feliz en la taquilla. Pero cambió de idea después de varias idas y vueltas; cuando se lo comunicó al productor James B. Harris, éste decidió enviar al estudio la versión final del guión sin subrayar los cambios, seguro de que nadie lo leería completo. Durante el rodaje de esa última y discutida escena, Kubrick conoció a Christiane Harlan –la cantante–, por quien al año siguiente se divorciaría de su segunda esposa, para pasar junto a ella el resto de su vida.

Nota de Página12


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