Fármacos psiquiátricos que enferman más, México




Si usted, lector, sabe por la información en los medios que la drogadicción se da entre muchos niños de la calle o menesterosos -thinner, “cementos”, etc.-, está en lo cierto. Pero quizá no sepa que en los ámbitos “ordenados” de la sociedad, más elevados socialmente, también se practican inducciones a los estupefacientes, pero bajo el régimen “honorable” de la atención a los desórdenes de la conducta, entre hijos de familias con mayores posibilidades económicas.

Para la sociedad mexicana aún no está muy claro que hace años hay una verdadera embestida comercial y mercadológica de los grandes laboratorios farmacéuticos, de corte trasnacional, que producen fármacos aparentemente para sanar a personas aquejadas por las llamadas enfermedades mentales. El hecho es que por la falta de información real y seria a la población, no sólo en México sino en el mundo desarrollado (Estados Unidos y Europa), esos laboratorios productores de fármacos, en su desmedido afán por vender sus productos, y por ende de ganancias, han presionado a psiquiatras en lo individual y a organizaciones profesionales que dicen ser serias, a crear un ambiente según el cual todos los enfermos mentales pueden ser curados, siempre y cuando recurran a los fármacos de los grandes laboratorios. Y se han metido hasta las escuelas.

A las escuelas, pues, acuden los mercadólogos farmacéuticos, con el apoyo de psiquiatras al servicio de esos laboratorios, que a su vez han manipulado a maestros y padres de familia, para poder “desplazar”, o vender, en ellas sus productos. La estrategia es que cualquier desorden de la conducta de los escolares -como hiperactividad o indolencia- tiene remedio pero, naturalmente, sólo con la aplicación de fármacos... de las marcas que les ofrecen los laboratorios. El medicamento llamado “ritalín” es el más tristemente célebre de ellos, que aparentemente cura pero a la postre idiotiza a los niños.

Hay un grupo, formado sobre todo por activas mujeres, que se llama Comisión Ciudadana de Derechos Humanos (CCDH), que es una ONG que nació en Nuevo León, la cual ha levantado hace años su voz para denunciar esos hechos. Han levantado campañas de alerta en todos los ámbitos, el local y el federal, para oponerse a leyes que le dan el paso libre a los intereses comerciales de la farmacología, los cuales dañan la salud en vez de mejorarla.

Actualmente están expresando su preocupación hacia las intenciones declaradas hace unas semanas por el jefe del Ejecutivo, Felipe Calderón Hinojosa, en el sentido de que muy pronto se brindarán cuantiosísimos apoyos oficiales al tratamiento psiquiátrico de quienes han sido víctimas de la narcodependencia, a fin de superar sus adicciones. Objetan que el planteamiento de Calderón no aborda el problema de un modo integral, verdaderamente científico, sino exclusivamente por la vía psiquiátrica. Afirman que esta disciplina invariablemente se liga a la medicación de esas enfermedades y eso produce nuevas adicciones, lo cual hace que tales enfermedades nunca se curen en toda la vida, sino incluso que los afectados empeoren.

En el plan de Calderón, revela Jenny Alcalá, directora CCDH, queda la percepción de que sólo se trata de suplantar las drogas ilícitas, que son las que combate el gobierno, por las drogas 'lícitas' que recetan los psiquiatras, lo que representa graves riesgos para la salud de los pacientes. Enfatiza doña Jenny Alcalá: Es a todas luces intolerable que se pretenda simplemente sustituir las drogas ilícitas por drogas lícitas, igual de dañinas cuando se aplican sin un criterio superior, según la amplísima experiencia de miles de casos recogida por los asesores científicos del CCDH. Esta es una voz que debe ser atendida con toda seriedad por las actuales autoridades.

Julio Pomar (especial para ARGENPRESS.info)




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