Reúnen la obra de Fijman, el poeta que murió en el Borda
Yo soy yo mismo, santidad, locura,/ vaso que se desborda y que aún pequeño/ es un milagro de pureza y sueño, paisaje y vibración, canto y dulzura". Quizás ningún verso pueda representar mejor lo que fue Jacobo Fijman, uno de los principales exponentes de la vanguardia surrealista argentina de los años 20 que murió en forma anónima en el Hospicio Borda en 1970. O quizás sí, quizás su vida misma haya sido aún más elocuente. Tal vez algunas respuestas aparezcan ahora, con la edición de sus obras completas.
Obras (1923-69) es el primer volumen que acaba de salir a escena de una serie de tres que busca ordenar sus poemas, prosa y pinturas. Desde 1978, el poeta Alberto Arias investigó, recopiló y editó la obra de Fijman y logró reunir desde los primeros versos hasta Speculum deidatis (1969) que es el último de los poemas. A la vez, se incluyen 16 poemas inéditos y otros desconocidos. El volumen está editado bajo el sello de Araucaria.
Arias señala que Fijman jamás sufrió de falta de reconocimiento intelectual (hay testimonios de Raúl Scalabrini Ortiz, Raúl González Tuñón y Antonio Vallejo en medios como Crítica y Martín Fierro), "aunque sus poemas, prosas, dibujos y pinturas sí han sufrido del mal de las transcripciones apresuradas, de las impresiones defectuosas... ni qué decir de las deformaciones a que han sido sometidos los datos de su biografía".
Para Arias, una cosa debe quedar en claro: Fijman sabía lo que hacía. La clave es que para el poeta la imagen era la verdadera creación, una invención, mientras la metáfora era una mera comparación entre las cosas. Su singularidad radica no sólo en la materia de estas imágenes sino en la autenticidad de su camino, que parece "el más alto y más desierto", en una forma de ascetismo artístico que él pareció autoimponerse, incluso con visos religiosos (de religión judía, se convirtió al cristianismo). "El artesano vive en el mundo de lo absoluto y no es con igualdad de episodios que se le imita sino en limpieza de conocimiento interior o hambre interior", sostenía.
Soy una alforja/ de lluvias/ mi corazón regó en las primaveras/ sementeras de espacio/ por ello mi cabeza/ es una gorra remendada y parda (genialidad)/ o un gabán roído/ pues he amado.
La poesía de Jacobo Fijman es un llamado a la intimidad, a la preservación de la inocencia, a través de una música entre simbólica y celebrante. Molino Rojo, su primer libro (1926) es el antecedente natural, casi secreto del surrealismo argentino. Las vivencias de la reclusión, los fantasmas de la locura y la angustia son sus temas inaugurales. Después vendrán la muerte, el misterioso sentido de la vida.
Hecho de estampas (1929), Estrella de la mañana (1931) y Letanía del agua perfecta y otros poemas (1930-34) lo confirman como un exponente de la poesía nacional. El último volumen que conforma Obras es Cántico trascendente y otros poemas, que comienza en 1952 y termina en 1969, un año antes de la muerte de Fijman.
Presentada por el poeta Alberto Ponzo, esta obra obliga a pensar una primera lectura de Fijman por parte del público. "Si buscáramos las razones para estimar la dimensión de este trabajo estaríamos en la necesidad de desacreditar, al mismo tiempo, tanta deformación e insensibilidad en expresiones actuales de la escritura, que apuntan a los más rápidos y fáciles reconocimientos públicos", sostiene Ponzo. "La obra de Fijman es todo lo contrario a la celebración racional".
Fuente: Clarín
Jacobo Fijman









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