In Cold Blood (A Sangre Fría) de Richard Brooks, para ver una vez más
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"In Cold Blood" (A sangre fría) Holcomb [Kansas], 1959. El hallazgo de los cadáveres de la familia Clutter [un agricultor, su esposa y sus dos hijos] siembra el terror y la paranoia en todo el país. ¿Quiénes son los asesinos? Y más incomprensible aún, ¿por qué lo han hecho? Basado en la fantástica novela de Truman Capote, Richard Brooks logró lo imposible en su búsqueda por la mayor veracidad en la reconstrucción de los hechos sin olvidar la magia de los recursos cinematográficos. Así como Capote había invertido seis años de su vida entrevistando a personajes relacionados con el caso y entablando amistad con los asesinos Dick y Perry mientras esperaban su ejecución, Richard Brooks rodó su madaptación en la auténtica granja de los Clutter, en la auténtica tienda donde éstos compraron la soga para atar a sus | |
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víctimas e incluso, en la auténtica sala de juicios donde seis de los jurados que aparecen son auténticos jurados del caso. ¿Os extrañaría saber que el verdugo es el auténtico verdugo de Perry Smith y Dick Hitckock? Hiela la sangre. Pero el mayor mérito de su propuesta es, sin dudas, la reconstrucción de la atmósfera capoteana donde ficción y realidad juegan a brindar datos objetivos narrados con frialdad periodística, pero “montados” expresivamente en bloques paralelos, permitiendo un abrumador seguimiento sincrónico de la totalidad [lo más sincrónico que se puede en el arte lineal de la narrativa]. Otro logro es el delicado trabajo de dirección de actores con dos novatos que han dado mucho que hablar: Richard Blake y Scott Wilson. La cámara voraz del presente no les da un segundo de respiro mientras el montaje fragmentario ofrece flashbacks de su trágico pasado [e incluso, sueños alucinatorios] y los avances en la investigación policial que les va cercando tramo a tramo. El conjunto logra una identificación alienante que hace latir esa fuerza oculta en nuestro interior a la que Allan Poe llamó “el placer de la perversión”. Nada de cámara al hombro para simular el efecto atrapado-en-el-acto con el que nos saturan las películas actuales. Brooks y su genial fotógrafo Conrad Hall trabajan con cámara prácticamente fija y en grandes angulares, fotografía blanco y negro contrastada y granulada en los límites de la oscuridad y una “objetividad” pasmosa que potencia la sordidez del crimen [algo similar a lo que Michael Haneke hace en sus pelis actualmente]. Si bien no quedan dudas de que Capote termina expresando su afinidad por los asesinos al demostrar que ejecutarles sólo suma dos cadáveres al caso, la posición de Brooks es más difícil de determinar. Por un lado, no desarrolla los personajes de los Clutter tan exhaustivamente como la novela [lo que les aleja de nosotros], pero por otro, tampoco castiga a los culpables haciendo “gore” su narrativa [aunque tenía material de sobra para ello]. Se limita a “limpiar” a los Clutter fuera de plano, sugiriendo el horror a través de una banda sonora formidable por su crudeza. Por cierto, cabe destacar el contrapunto que propone la música original de Quincey Jones, con disonancias metálicas que exasperan y nos sensibilizan muchísimo más que las imágenes. Brooks logra narrarnos de principio a fin un caso conmovedor sin el menor vestigio de patetismo, ni siquiera en la escena final, que Capote había culminado con la simple frase: “Habían matado a sangre fría, y a sangre fría serían castigados. El 14 de abril de 1965 fueron colgados”. Una madaptación magistral de este clásico que ha inventado un nuevo género literario: la Novela Periodística [non-fiction novel]. Ficha técnica Dirección: Richard Brooks Guión: Richard Brooks Producción: Richard Brooks Dirección de Fotografía: Conrad L. Hall Montaje: Peter Zinner Dirección de arte: Robert F. Boyle Música: Quincy Jones Cast: Robert Blake | Scott Wilson | John Forsythe | Paul Stewart | Gerald S. O'Loughlin | Jeff Corey ![]() Ciclo Madaptations | |










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