El Desastre de Annual y la guerra química
Entre 1919 y 1921 se duplicó el territorio español en torno a Melilla. Estos excesos provocaron la reacción de los pobladores autóctonos, que en julio de 1921 atacaron por sorpresa el puesto español de Annual: entre 10.000 y 13.000 soldados (según las fuentes) perdieron la vida en aquella cruenta batalla. La soldadesca del ejército español pertenecía a las clases sociales más empobrecidas, obreros y campesinos obligados a realizar el servicio militar durante dos años por no poder pagar los 6.000 reales que les eximía de tal calamidad. El coste de esta campaña militar fue de 700 millones de pesetas de entonces. Merece la pena leer el alegato antimilitarista de un privilegiado personaje de la época, Ramón J. Sender, en su novela Imán.
La situación en Marruecos se convirtió en un factor de descomposición política que propició entre 1917 y comienzos de 1924 veintitrés «crisis de gobierno». El dictador Primo de Rivera, que en un principio se había declarado partidario del abandono de la causa marroquí (por impopular), prefirió mantenerse fiel a lo que defendía el sector más reaccionario del ejército. En octubre de 1924 él mismo asumió el Alto Comisariado en Marruecos.
La victoria de Abd-el-Krim en Annual motivó a los independentistas rifeños, que no sólo se negaron a negociar con el Estado español sino que además se decidieron a atacar el Marruecos ocupado por los franceses, lo que llevó a los dos Estados a coordinarse. El 8 de septiembre de 1925, se produjo el desembarco de Alhucemas que supuso el fin del sueño de independencia de aquellos rifeños: la recientemente creada República del Rif, liderada por Abd-el-Krim, sería aplastada.
Al Estado español le corresponde el denigrante privilegio de haber sido el primer país en utilizar gases tóxicos contra población civil mediante bombardeos aéreos. Para doblegar la resistencia rifeña no se tuvieron contemplaciones: se bombardearon poblados, se quemaron viviendas y campos de cultivo... aunque lo decisivo para vencer en la guerra fue la alianza franco-española que posibilitó un ejército suficiente, una notable diferencia tecnológica y la utilización del armamento químico. Hay numerosos textos que recogen abundante información al respecto. Una de las primeras fuentes se debe a David S. Woolman, quien en su libro de 1971 «Abd-el-Krim y la guerra del Rif» (Oikos Tau, 1971) narra cómo los soldados españoles llevaban un equipo de protección completo que contaba con máscaras antigás; cómo los buques transportaban grandes cargamentos de bombas y gas tóxico, y cómo las poblaciones rifeñas fueron bombardeadas tanto por los españoles como por los franceses. En 1990 Rolf-Dieter Müller y Rudibert Kunz, en su obra «Giftgas gegen Abd el Krim. Deutschland, Spanien und der Gaskrieg in Spanisch-Marokko 1922-1927» («Gas venenoso contra Abd-el-Krim. Alemania, España y la Guerra del gas en el Marruecos español 1922-1927») sacaron a la luz los bombardeos con armas químicas realizados por el ejercito español en el Rif. En 2002, Sebastian Balfour, en su libro «Abrazo mortal: de la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos -1909-1939-» (Ed. Península, 2002) proporcionaría una abundante información recogida de las fuentes más diversas: desde los legajos del Ministerio de Defensa del Estado español, ministerios de guerra franceses, ingleses, italianos y alemanes, actas gubernamentales, misivas oficiales y privadas... hasta medios de comunicación de la época de multitud de lugares.
En 2003, María Rosa de Madariaga y Carlos Lázaro, abundaron en estas fuentes publicando en la revista Historia 16 (n.º 324) un extenso documento sobre la guerra química en el Rif, donde daban cuenta de investigaciones realizadas en los archivos militares españoles probando que el Estado español utilizó gases tóxicos, particularmente la iperita, el fosgeno y la cloropicrina. En 2004, Morten Heiberg, publicó su libro «Emperadores del Mediterráneo. Franco, Mussolini y la guerra civil española» (Ed. Crítica, 2004) y otros autores como Ignacio Cembrero («El veneno que llegó al Rif desde el cielo» Diario El País, 18 de febrero de 2002) y Enrique Cerro Aguilar («España fue el primer país que utilizó armas químicas contra civiles en Marruecos en 1920» Revista Rebelión, 13 de enero de 2001) han ido dando diversos testimonios que terminan de configurar una información precisa y suficiente para que estos hechos dejen de considerarse una conjura de radicales o de interesados.
Ha sido Balfour quien, sobre todo, ha citado profusamente la Fábrica de La Marañosa de Madrid, puesta en marcha en 1923 para producir el armamento químico que se utilizaría en el Rif y que hoy, 85 años después, no sólo no ha sido cerrada sino que se ha convertido en un instituto tecnológico (Instituto Tecnológico de La Marañosa -ITM-) que alberga, además de la Fábrica, un Laboratorio Químico Central de Armamento, un Polígono de Tiro, una Galería de Experiencias, el Centro de Ensayos Torregorda, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Armada (CIDA), el Polígono de experiencias de Carabanchel y el Taller de Precisión y Centro electrotécnico de Artillería (TPYCEA). Está previsto que se convierta en un centro de referencia en investigación para la guerra NBQR (nuclear, biológica, química y radiológica) para el ejército español, la UEO y la OTAN (para más información puede verse la página de la Plataforma: http://www.nodo50.org/maranosa).
El Desastre de Annual y la guerra química
Entre 1919 y 1921 se duplicó el territorio español en torno a Melilla. Estos excesos provocaron la reacción de los pobladores autóctonos, que en julio de 1921 atacaron por sorpresa el puesto español de Annual: entre 10.000 y 13.000 soldados (según las fuentes) perdieron la vida en aquella cruenta batalla. La soldadesca del ejército español pertenecía a las clases sociales más empobrecidas, obreros y campesinos obligados a realizar el servicio militar durante dos años por no poder pagar los 6.000 reales que les eximía de tal calamidad. El coste de esta campaña militar fue de 700 millones de pesetas de entonces. Merece la pena leer el alegato antimilitarista de un privilegiado personaje de la época, Ramón J. Sender, en su novela Imán.
La situación en Marruecos se convirtió en un factor de descomposición política que propició entre 1917 y comienzos de 1924 veintitrés «crisis de gobierno». El dictador Primo de Rivera, que en un principio se había declarado partidario del abandono de la causa marroquí (por impopular), prefirió mantenerse fiel a lo que defendía el sector más reaccionario del ejército. En octubre de 1924 él mismo asumió el Alto Comisariado en Marruecos.
La victoria de Abd-el-Krim en Annual motivó a los independentistas rifeños, que no sólo se negaron a negociar con el Estado español sino que además se decidieron a atacar el Marruecos ocupado por los franceses, lo que llevó a los dos Estados a coordinarse. El 8 de septiembre de 1925, se produjo el desembarco de Alhucemas que supuso el fin del sueño de independencia de aquellos rifeños: la recientemente creada República del Rif, liderada por Abd-el-Krim, sería aplastada.
Al Estado español le corresponde el denigrante privilegio de haber sido el primer país en utilizar gases tóxicos contra población civil mediante bombardeos aéreos. Para doblegar la resistencia rifeña no se tuvieron contemplaciones: se bombardearon poblados, se quemaron viviendas y campos de cultivo... aunque lo decisivo para vencer en la guerra fue la alianza franco-española que posibilitó un ejército suficiente, una notable diferencia tecnológica y la utilización del armamento químico. Hay numerosos textos que recogen abundante información al respecto. Una de las primeras fuentes se debe a David S. Woolman, quien en su libro de 1971 «cy la guerra del Rif» (Oikos Tau, 1971) narra cómo los soldados españoles llevaban un equipo de protección completo que contaba con máscaras antigás; cómo los buques transportaban grandes cargamentos de bombas y gas tóxico, y cómo las poblaciones rifeñas fueron bombardeadas tanto por los españoles como por los franceses. En 1990 Rolf-Dieter Müller y Rudibert Kunz, en su obra «Giftgas gegen Abd el Krim. Deutschland, Spanien und der Gaskrieg in Spanisch-Marokko 1922-1927» («Gas venenoso contra Abd-el-Krim. Alemania, España y la Guerra del gas en el Marruecos español 1922-1927») sacaron a la luz los bombardeos con armas químicas realizados por el ejercito español en el Rif. En 2002, Sebastian Balfour, en su libro «Abrazo mortal: de la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos -1909-1939-» (Ed. Península, 2002) proporcionaría una abundante información recogida de las fuentes más diversas: desde los legajos del Ministerio de Defensa del Estado español, ministerios de guerra franceses, ingleses, italianos y alemanes, actas gubernamentales, misivas oficiales y privadas... hasta medios de comunicación de la época de multitud de lugares.
En 2003, María Rosa de Madariaga y Carlos Lázaro, abundaron en estas fuentes publicando en la revista Historia 16 (n.º 324) un extenso documento sobre la guerra química en el Rif, donde daban cuenta de investigaciones realizadas en los archivos militares españoles probando que el Estado español utilizó gases tóxicos, particularmente la iperita, el fosgeno y la cloropicrina. En 2004, Morten Heiberg, publicó su libro «Emperadores del Mediterráneo. Franco, Mussolini y la guerra civil española» (Ed. Crítica, 2004) y otros autores como Ignacio Cembrero («El veneno que llegó al Rif desde el cielo» Diario El País, 18 de febrero de 2002) y Enrique Cerro Aguilar («España fue el primer país que utilizó armas químicas contra civiles en Marruecos en 1920» Revista Rebelión, 13 de enero de 2001) han ido dando diversos testimonios que terminan de configurar una información precisa y suficiente para que estos hechos dejen de considerarse una conjura de radicales o de interesados.
Ha sido Balfour quien, sobre todo, ha citado profusamente la Fábrica de La Marañosa de Madrid, puesta en marcha en 1923 para producir el armamento químico que se utilizaría en el Rif y que hoy, 85 años después, no sólo no ha sido cerrada sino que se ha convertido en un instituto tecnológico (Instituto Tecnológico de La Marañosa -ITM-) que alberga, además de la Fábrica, un Laboratorio Químico Central de Armamento, un Polígono de Tiro, una Galería de Experiencias, el Centro de Ensayos Torregorda, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Armada (CIDA), el Polígono de experiencias de Carabanchel y el Taller de Precisión y Centro electrotécnico de Artillería (TPYCEA). Está previsto que se convierta en un centro de referencia en investigación para la guerra NBQR (nuclear, biológica, química y radiológica) para el ejército español, la UEO y la OTAN (para más información puede verse la página de la Plataforma: http://www.nodo50.org/maranosa).
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