"El reino del revés" de Walsh, "La ci darem la mano" de Mozart: música semejante
Semejanzas entre la música de “El reino del Revés” de María Elena Walsh y la del dueto "Là ci darem la mano" de W. A. Mozart
Hace unos años, escuché por la ex radio FM Amadeus, las variaciones sobre "Là ci darem la mano" para piano y orquesta, Op. 2 de Federico Chopin.
"Là ci darem la mano" es un dueto perteneciente al 1er. Acto de la ópera Don Giovanni de W. A. Mozart, inmediatamente me pareció semejante a una canción de María Elena Walsh (MEW), la cual en ese momento no pude reconocer. Este pensamiento pasó al olvido hasta la muerte de María Elena.
Volví entonces a escuchar el dueto mencionado y las variaciones de Chopin, al instante me di cuenta que la canción de MEW es “El reino del revés”.
Indagué en Internet todo lo que podría relacionarse con “El reino del revés”, su autora de la letra y música (1965) y Mozart. Sólo hallé en un foro una referencia a una copia en una de sus canciones de la música de la Flauta Mágica de Mozart pero sin aludir a cual de ellas. El Día de Escobar
(CITA) En las entrevistas MEW hace mención a lo que músicos, escritores, etc. toman prestado de otros autores, por ejemplo en una entrevista realizada por Bernardo Neustad (Fuente: Bernardo Neustadt, 60 años de Periodismo. Editado por la Fundación Bernardo Neustadt. Autores: Analía Sivak Oyhanarte y Lucas Lanza. Buenos Aires, 1999. Revista Extra - año v - nº 46 - mayo 1969 ¿Una Sociedad de Maratonistas?) Dice MEW:….
Extra: Como se llega, como se queda
Walsh: Estuve en el Festival de la Canción en Punta del Este –
dice María Elena Walsh. Fue penoso. Eran 20 canciones inéditas, pero
todas tenían el mismo ritmo. Eran dos o tres notas y dos o tres
palabras, que a veces cambiaban. En vez de "Estrellas del sur" decía "Te
amo". No encontré ningún rasgo nuestro en ellas. Eran baladas
europeas…hechas una tras otra, como salchichas. Nada sudamericano…
Extra: Mejor una chacarera de mal gusto que…
Walsh: Exacto. Yo quiero ser juglar, pero de nuestras cosas…Quiero
reflejarla realidad (no describirla, que huele a inventario). Por eso
viajo mucho al interior. Ahora vamos a hacer una gira con "Canciones
para ejecutivos". Precisan mucho arte en el interior. Arte sincero. Yo
nunca fabriqué un éxito…No sé ni hacerlo ni venderlo, aquí o en el
interior. (FIN DE CITA)
(CITA) En otra entrevista MEW (Fuente: Entrevista a la escritora María Elena Walsh - Adriana Fleiderman Ballesteros – Periodismo. hace mención al “robo literario”:
−En tu producción literaria ¿que otras voces reconocés?
−Muchísimas. A ver... Yo como ladrona me apropié de tanta gente
que no menciono para no olvidar a nadie. (risas) Pero cuando leés “la
Odisea” notás que todos los relatos ya están allí, y si no aparecen en
esa obra están en las “Mil y una noches”, lo que se sigue escribiendo
son distintas versiones de los mismos cuentos. Todas las narraciones
tienen un hilo conductor, un mismo cordón umbilical.
−¿Hay algún autor al que te hubiera gustado parecerte?
−Y... yo le tengo mucha envidia a Virginia Woolf y a Doris
Lessing una autora que ha contado toda la historia de nuestras vidas con
gran lucidez. (FIN DE CITA)
(CITA) Por último y para no abundar MEW publica en Clarín, el 5 de diciembre de 1991 “Carta a Mozart” en donde imagina que Mozart recala en este país en el presente
… Aquí no hay Nobleza, Amadé, quédate tranquilo. No precisamos ser Príncipes-Arzobispos ni marquesas con lauchas en la peluca para tener el privilegio de escucharte. Sólo necesitamos curiosidad y un modesto capital para adquirir grabador y casetes, o atinar con un programa de radio. No hay príncipes, pero hay aquí una clase media rococó que entiende de vinos, saquea los zocos de los aeropuertos y sueña con peregrinar hasta tus pagos donde te han convertido en santito rendidor. Hace tiempo que los caranchos trafican con tu inmortalidad vendiendo chatarrería-souvenir con tu efigie. Santito procaz, qué dirías de ese bazar.
Otras cosas buenas han ido sucediendo entre catástrofe y desastre, no sólo la invención de artefactos sonoros. Poco después de tu tránsito, músicos y autores empezaron a reunirse para tratar el tema del derecho de autor, algo impensable en tu época, cuando dependías del capricho de mecenas y editores y a menudo los músicos integraban una servidumbre que en el mejor de los casos estaba sujeta a dádivas pero no a salario. Hoy cobras derechos cada vez que se difunde una obra tuya, pero es tarde, tenemos una deuda eterna contigo y tu miseria.
Juguemos a que has llegado. Cómo describirte la iridiscencia de la presidenta del Mozarteum, que en vano quiere distraerte de tu curiosidad callejera y llevarte a la velada de gala en el Teatro Colón. Te rodea una manifestación de jubilados en Plaza Lavalle, y procuras marcarle cierta coherencia rítmica a los bombos, los redoblantes y las cacerolas golpeados a la bartola. Supones con bastante razón que es la única música autóctona que nos queda. Consigues como por arte de magia que los veteranos entonen, en súbito arreglo a tres voces, tu Exultate, Jubilate, que les infunde juveniles energías.
Se ha corrido la voz de tu llegada, con el doble atractivo de que no sólo vienes del primer mundo sino también del otro, y aunque la TV no se enteró, acuden fans y despistados a celebrarte. Se acercan los tangueros (trajeados de casa Braudo) portadores de un bandoneón, instrumento que curioseas e inmediatamente dominas. Avanzan los rockeros (vestidos como el Virrey Vértiz) y te ceden guitarras y sintetizadores conectados a catorce camiones de aparatos de amplificación.
Irrumpen las folkloristas (de poncho zurcido y revoleando pañuelos) y te ofrecen rasguear un charango. Arriban los bailanteros (vestidos de meteoritos), que se equivocaron de plaza. Se acercan los compositores de música sinfónica (en harapos) y los docentes de conservatorios (en andrajos) y procuran explicarte quién corno era un señor Küchel eternamente unido a tu nombre porque ordenó y clasificó tus manuscritos. Avanza una columna multitudinaria y aguerrida: madres y profesores de niños precoces aspirantes a lucirse en programas infantiles de TV. Como posees el arte de apaciguar, para tranquilizarlos les preguntas cuál de tus obras prefieren. Los adultos se miran los zapatos, en un silencio de trágame tierra. Son muy buena gente, Amadeus, pero viven exiliados de tu música y no saben que de ese modo les escamotean la herencia a sus hijos, que sólo se enteraron de que a los cinco años ya eras una estressha. Los chicos te dedican una pacotilla desentonada y saltarina que te asusta porque supones que les ha dado un acceso de alguna enfermedad convulsiva. Se hace tarde, en el gallinero del Colón ruge la impaciencia y a los rococó que pagaron quince mil dólares la platea se les ajan las sedas.
Entonces termina el juego de esta carta. No has venido ni hace falta que vengas porque estás y siempre estarás en esta "ciudad de pobres corazones".* Siempre estarás presente en este mundo donde desconocerte es un castigo. Cada vez que te convoquemos vendrás piadosamente a exorcizarnos. Amén. (FIN DE CITA)
En ninguno de los documentos MEW hace alusión a la música del “Reino del revés” o si en alguna de sus canciones, inspiró su música en el dueto "Là ci darem la mano"
Intrigado, pedí ayuda a mi hijo Fernando, músico, para que veamos juntos el tema en cuestión.
Del análisis surge que la música es casi idéntica, se verificó el inicio del tema, el tema de Mozart esta en la tonalidad de La mayor (Amaj en la nomenclatura sajona) y el de MEW en Re mayor (Dmaj en la nomenclatura sajona)
A continuación ejemplos de las partituras y acordes
W.A. MOZART "Là ci darem la mano"

MARÍA ELENA WALSH "El reino del revés" Transpuesto a La mayor (A maj)

Escuchar compases de Mozart, La ci darem la mano
Escuchar compases de Walsh, El reino del revés
Autores del post: Claudio Goldini, Fernando Goldini
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